Y volvia a recorrer una por una con mis dedos todo aquel bello armazon sonoro, a veces blanco, a veces amarillento, siempre encantador.Mis dedos no solían ser los mejores al momento de ubicarse, pero estaban ávidos de oir esa Gran Voz. Y solo el toque ligero de una de las teclas graves lograba ponerme la piel de gallina con ese eco infinito y majestuoso.
Pocas veces toqué alguna melodia, muchas veces quedé maravillada ante su sola presencia.. Soñé sentada junto a el, volé al oirlo y casi morí tambien.






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